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El chavismo y el caballo de Calígula

 
DANIEL LANSBERG RODRÍGUEZ
El Emperador Calígula, junto a Nerón, representan para la mente popular, el apogeo de locura entre la dinastía de los césares romanos.

Las demencias que se la atribuyen al primero, son legendarias: como la vez que le "declaró la guerra" a Neptuno y mandó tropas a "saquear" la orilla del océano, capturando conchas y cangrejos. El carácter también tenía además una gran reputación por su sadismo sexual. Pero sin duda el cuento más famoso de todos debe ser el de Incitatus, el caballo favorito del emperador que fue elevado al senado, al clero, y hasta nombrado cónsul según el historiador Suetonio.

Si decidimos darle credibilidad a esta historia –y que Suetonio era un pelo amarillista pareciera que la misma pudiese tener una alta relevancia para la Venezuela de hoy.

Supongan que todo lo dicho respecto la existencia de este gran político equino es verdad, pero que su ascenso no fue capricho de los nublados sesos esquizofrénicos de Calígula, sino un acto político calculado y altamente simbólico, en el cual, el Emperador supremo ponía en su lugar a las difuntas instituciones de la vieja república.

¿Qué más humillación podría haber para los ilustres de esas organizaciones? ¿Qué más clara ilustración pública de la verdadera dinámica de poder entre el ejecutivo y los otros poderes del Estado?

"Señores, he decidido promover a un animal de mi casa a ocupar su cargo. Claramente, el puede hacer igual de bien su labor. El anuncio se hará público mañana por la mañana. Ustedes pueden patalear y pueden llorar, pero hechos son hechos. Roma lo exige."

Solo hacía falta el famoso "¡Exprópiese!"

Hasta el nombre Incitatus -derivado del latín "incitāre", de donde viene nuestra palabra "incitar"– nos da otra pista bastante contundente. El nombramiento del primer "hípicónsul" en la historia, fue una arrogante incitación contra adversarios demasiado impotentes para poder resistir o responder. Es decir una degradación total.

Durante la última década, se ha vuelto bastante común el tomar medidas políticas sólo porque se puede, y no porque se debe -especialmente si con ellas logras perjudicar a un adversario. Es un resultado, tal vez inevitable, de la impunidad con la que trabajan nuestros gobernantes y la ciega lealtad con que promueven internamente al detrimento de la coherencia y del sentido común.

Si de Miraflores, el día de mañana, saliera una orden para movilizarse a Higuerote y "atacar a Neptuno" ¿queda duda de que esta se cumpliría?

Sin embargo, ¿quién sabe? Tal vez Calígula si promovió a su querido animal sólo por capricho, y sin ningún tipo de lógica o de diseño político. Un emperador prepotente, pero enfermo, alzando a un leal compañero a un altísimo cargo sin consideración alguna a sus muy obvias faltas de calificaciones...

Quisiera resaltar que si en este momento, algún lector venezolano, se encuentra sintiendo una extraña sensación de ‘déjà vu', no se preocupen. No están solos.

Para un gobierno al que solo le importa la lealtad, y no la competencia, tal vez caballos podrían ser buena opción para empezar a llenar cargos gubernamentales venezolanos en el futuro.

Podríamos comenzar este experimento con las posiciones del CNE y la TSJ que pronto quedaran vacantes. Ya que los caballos, acostumbrados a trabajar con gríngolas, no deberán tener una transición difícil.

Si nos va bien con eso, el próximo paso podría ser algunos puestos de liderazgo dentro de la Asamblea Nacional. Si terminan cometiendo una que otra "animalada", no seria nada nuevo, sin contar con el beneficio de que robarían menos. Lo crítico es que su lealtad será absoluta, ya que permanecerán siempre felices de tragarse las montañas de paja que les ofrece este gobierno.

Lo único que faltará ver, es de donde rayos se importan los caballos.

@Dlansberg

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