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Para el PSUV, cambiar es sobrevivir

 
FEDERICO A. ORTEGA
Los cambios de liderazgo siempre ponen a prueba a las instituciones. La pérdida del referencial les hace cuestionarse su identidad, y las obliga a buscar aquello que las define. Las instituciones más sólidas tienen claros sus valores y principios y se aferran a ellos en condiciones cambiantes. Las más débiles se arriesgan a sufrir una de dos crisis: reinventarse tanto que pierden su identidad; o aferrarse a políticas y prácticas que las pueden dejar en el anacronismo.

Lo que el PSUV está a punto de vivir tiene algún parecido con lo que vivió el Partido Comunista Chino (PCCh) hace más de 30 años. En ese momento, el PCCh perdía a su líder Mao Zedong, una figura carismática y casi religiosa con un expediente "mixto" como mandatario que incluía una hambruna donde murieron decenas de millones de personas. El PCCh sabía que su continuación en el poder sin Mao dependía no sólo de la fuerza, sino de los resultados que tuviera para mejorar las condiciones de vida de su pueblo. En ese caso el partido eligió como nuevo líder a Deng Xiaoping, otra figura histórica que podía heredar el manto simbólico de la revolución, pero que tenía ideas muy distintas sobre cómo administrar la economía y la sociedad. Se puede decir que el mantra en ese momento fue cambiar para sobrevivir.

Los resultados hablan por sí solos. Las políticas de apertura económica de Deng lograron poner a China en una senda de crecimiento nunca antes vista en el mundo. En 30 años más de un billón de personas han salido de la pobreza y China se ha convertido en una potencia mundial. En todo este tiempo el PCCh ha logrado mantenerse en el poder, conservando parte de la retórica y los principios de la época de Mao, pero reinventándose en cuanto a las políticas que aplica para lograr sus objetivos. La falta de democracia, ataques a las libertades personales, corrupción y violaciones de derechos humanos en China siguen siendo deplorables, pero las decisiones del PCCh ante su más importante crisis ilustran cómo una institución exitosa puede conservar su identidad y cambiar al mismo tiempo.

Así como el de Mao, el de Chávez ha sido un liderazgo mesiánico, y su gobierno también ha tenido fracasos, que en nuestro caso incluye la ineficiencia pública, corrupción, debilidad institucional e inseguridad. Y, así como el PCCh de finales del siglo XX, el PSUV tendrá que decidir si va a seguir las políticas equivocadas de Chávez como si fueran el evangelio, o si viendo el ejemplo de las izquierdas modernas latinoamericanas, decidirán que pueden mantener los principios de la revolución reinventando sus políticas.

Hasta ahora, no pareciera que van a cambiar mucho, con llamados a mantenerse "rodilla en tierra" y juramentos de lealtad hasta "más allá de la vida". La verdad es que aún es muy temprano; mientras Chávez esté más lejos de la presidencia y el poder, habrá más espacio para que se empiecen a ventilar las opiniones. Sin embargo, el PSUV no tendrá demasiado tiempo para reflexionar. A diferencia de China, el sistema electoral en Venezuela los obliga a competir pronto... y a sufrir o disfrutar las consecuencias de sus acciones.

El PSUV cuenta con incuestionable poder y estructura política por lo que, ya sea desde el gobierno o desde la oposición, lo que decida ayudará a definir el rumbo del país por los próximos años. Ojalá entonces decida ser un partido moderno, que contribuya al  desarrollo de Venezuela y que no se quede en el anacronismo del actual socialismo del siglo XXI.

@federicoa

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